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martes, 19 de agosto de 2008

17 de agosto: Recordamos al Gral. San Martín


Daguerrotipo de José de San Martín (1848)


Vida y Obra del General San MartínJosé Francisco de San Martín (Yapeyú, Argentina, 25 de febrero de 1778 - Boulogne-sur-Mer, Francia, 17 de agosto de 1850) fue un militar argentino cuyas campañas fueron decisivas para las independencias de Argentina, Chile y el Perú. Junto con Simón Bolívar es considerado uno de los libertadores más importantes de Sudamérica de la colonización española. En la Argentina tiene el título de Padre de la Patria y se lo considera un héroe y prócer nacional. En el Perú, se lo reconoce como Libertador de aquel país, con los títulos de Fundador de la Libertad del Perú, Fundador de la República y de Generalísimo de las Armas. En Chile su ejército le reconoce el grado de Capitán General.
Su familia
José Francisco de San Martín nació en Yapeyú una ex misión jesuítica, situada a orillas del Río Uruguay en la Gobernación de las Misiones Guaraníes del Virreinato del Río de la Plata, en la actual Provincia de Corrientes, el 25 de febrero de 1778.
Su padre, don Juan de San Martín y Gómez, había nacido en la Villa de Cervatos de la Cueza, en la provincia de Palencia, España, y era teniente gobernador del Departamento. Sirvió como militar a la Corona española y fue el primer teniente gobernador de la Gobernación de las Misiones Guaraníes con sede en Yapeyú, creada para administrar las treinta misiones jesuíticas guaraníes, luego de que la orden fuera expulsada de América por el rey Carlos III en 1767.
Su madre, doña Gregoria Matorras del Ser, también había nacido en la provincia de Palencia, España, concretamente en Paredes de Nava. Era sobrina de un gobernador de la Provincia colonial del Tucumán y conquistador del Chaco. Fue la menor de cinco hermanos: María Elena, Manuel Tadeo, Juan Fermín Rafael y Justo Rufino.
Carrera militar [editar]

En 1789, a los once años de edad, comenzó su carrera militar en el regimiento de Murcia, mientras estallaba la Revolución Francesa. Luchó en la campaña del norte de África combatiendo a los moros en Melilla y Orán. En 1797 fue ascendido a subteniente, por sus acciones en los Pirineos frente a los franceses, en 1793. En agosto de ese año su regimiento, que había participado en las batallas navales contra la flota inglesa en el Mediterráneo, se rindió.
Durante el período que sigue luchó con el grado de capitán 2° de infantería ligera en diferentes acciones, en la guerra de las Naranjas contra Portugal (1802) y en Gibraltar y Cádiz contra los ingleses (1804).
En 1808 las tropas de Napoleón invadieron la Península y el rey Fernando VII fue hecho prisionero. Poco después estalló la rebelión contra el emperador y contra su hermano José Bonaparte, que había sido proclamado Rey de España. Se estableció una Junta Central de Gobierno, que actuó primero en Sevilla y luego en Cádiz. San Martín fue ascendido por la Junta al cargo de ayudante 1° del regimiento de Voluntarios de Campo Mayor.
Distinguido por sus acciones contra los franceses, fue ascendido a capitán del regimiento de Borbón. Su principal actuación fue en la gran victoria de la batalla de Bailén, del 19 de julio de 1808, en que tuvo una actuación destacada como ayudante del general Coupigny.
Esta victoria fue la primera derrota importante de las tropas de Napoleón, y permitió al ejército de Andalucía recuperar Madrid. En premio por su actuación, San Martín recibió el grado de teniente coronel y una condecoración con una medalla de oro.
Continuó luchando contra los franceses en el ejército de los aliados: España, Portugal e Inglaterra. Combatió a las órdenes del general William Carr Beresford - el mismo de las invasiones inglesas - en la batalla de Albuera.
En esas campañas conoció a Lord Macduff, un noble escocés que lo introdujo a las logias secretas que conspiraban para conseguir la independencia de América del Sur. Fue allí que hizo contacto por primera vez con círculos de liberales y revolucionarios, que simpatizaban con la lucha por la independencia americana.
Carrera militar [editar]
En 1789, a los once años de edad, comenzó su carrera militar en el regimiento de Murcia, mientras estallaba la Revolución Francesa. Luchó en la campaña del norte de África combatiendo a los moros en Melilla y Orán. En 1797 fue ascendido a subteniente, por sus acciones en los Pirineos frente a los franceses, en 1793. En agosto de ese año su regimiento, que había participado en las batallas navales contra la flota inglesa en el Mediterráneo, se rindió.
Durante el período que sigue luchó con el grado de capitán 2° de infantería ligera en diferentes acciones, en la guerra de las Naranjas contra Portugal (1802) y en Gibraltar y Cádiz contra los ingleses (1804).
En 1808 las tropas de Napoleón invadieron la Península y el rey Fernando VII fue hecho prisionero. Poco después estalló la rebelión contra el emperador y contra su hermano José Bonaparte, que había sido proclamado Rey de España. Se estableció una Junta Central de Gobierno, que actuó primero en Sevilla y luego en Cádiz. San Martín fue ascendido por la Junta al cargo de ayudante 1° del regimiento de Voluntarios de Campo Mayor.
Distinguido por sus acciones contra los franceses, fue ascendido a capitán del regimiento de Borbón. Su principal actuación fue en la gran victoria de la batalla de Bailén, del 19 de julio de 1808, en que tuvo una actuación destacada como ayudante del general Coupigny.
Esta victoria fue la primera derrota importante de las tropas de Napoleón, y permitió al ejército de Andalucía recuperar Madrid. En premio por su actuación, San Martín recibió el grado de teniente coronel y una condecoración con una medalla de oro.

Continuó luchando contra los franceses en el ejército de los aliados: España, Portugal e Inglaterra. Combatió a las órdenes del general William Carr Beresford - el mismo de las invasiones inglesas - en la batalla de Albuera.
En esas campañas conoció a Lord Macduff, un noble escocés que lo introdujo a las logias secretas que conspiraban para conseguir la independencia de América del Sur. Fue allí que hizo contacto por primera vez con círculos de liberales y revolucionarios, que simpatizaban con la lucha por la independencia americana.
El retiro [editar]
Vuelto a Mendoza en enero de 1823, pidió autorización para regresar a Buenos Aires y reencontrarse con su esposa que estaba gravemente enferma. Bernardino Rivadavia, ministro de gobierno del gobernador Martín Rodríguez, se lo negó argumentando que no sería seguro para San Martín volver a la ciudad. Su apoyo a los caudillos del Interior y la desobediencia a una orden que había recibido del gobierno de reprimir a los federales, le valió que los unitarios quisieran someterlo a juicio.11
No obstante, como la salud de su esposa empeoraba, decidió viajar a Buenos Aires, donde a su llegada ya ella había fallecido, el 3 de agosto de 1823. La lápida de su sepultura, que aún puede leerse en el Cementerio de la Recoleta, reza: "Aquí yace Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín."



Al llegar a Buenos Aires se le acusó de haberse convertido en un conspirador. Desalentado por las luchas internas entre unitarios y federales decidió marcharse del país con su hija, quien había estado al cuidado de su abuela. El 10 de febrero de 1824 partió hacia el puerto de El Havre, Francia. Tenía 45 años y era Generalísimo del Perú, Capitán General de la República de Chile y General de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Luego de un breve período en Escocia, se instalaron en Bruselas y poco después en París. Su única obsesión era la educación de su hija Mercedes. En 1825 redactó las Máximas para Merceditas, donde sintetizaba sus ideales educativos.
Ofreció sus servicios a las autoridades argentinas con motivo de la guerra con Brasil, sólo después de la renuncia de su despreciado enemigo Rivadavia a la presidencia; pero la guerra ya había prácticamente terminado.
En marzo de 1829 intentó regresar a Buenos Aires, aunque no llegó a desembarcar: al saber que había vuelto a estallar la guerra civil, permaneció a bordo de incógnito, aunque fue descubierto. El general Juan Lavalle, antiguo subordinado suyo, había derrocado y fusilado al gobernador Manuel Dorrego, pero ante la imposibilidad de vencer en la contienda, le ofreció la gobernación de la provincia de Buenos Aires. San Martín juzgó que la situación a que había llevado el enfrentamiento sólo se resolvería por la destrucción de uno de los dos partidos.12 Entonces, respondió a Lavalle que
el General San Martín jamás desenvainará su espada para combatir a sus paisanos
Luego se trasladó a Montevideo, donde permaneció tres meses, para finalmente volver a Europa.
Durante los años en que duró su exilio, San Martín mantuvo contacto con sus amigos en Buenos Aires, tratando de interiorizarse de lo que sucedía en su país. En 1831 se radicó en Francia, en una finca de campo cercana a París. Por esos años tiene lugar su afortunado encuentro con su ex compañero de armas, Alejandro Aguado, marqués de las Marismas, quien, convertido en un exitoso banquero, designó a San Martín tutor de sus menores hijos, con una generosa paga. Tres años más tarde y gracias al dinero ahorrado trabajando con su amigo y a la venta de las fincas con que lo habían premiado el gobierno de Mendoza y el de Perú, San Martín se mudó a una casa que compró en Grand Bourg.13
Recibió la visita de varios personajes argentinos, en general jóvenes románticos y liberales, exiliados de su país, como Juan Bautista Alberdi (en 1843) y Domingo Faustino Sarmiento, (entre 1845 y 1848), que viajó a Europa por encargo del gobierno de Chile y se encontró con San Martín en Grand Bourg en varias oportunidades. Hasta sus últimos años mantuvo correspondencia con su gran amigo Tomás Guido, quien le mantenía informado sobre la situación política en Argentina y América.
Testamento y muerte
Testamento de José de San Martín

Fechó su testamento ológrafo en París el 23 de enero de 1844, dejando como única heredera a su hija Mercedes de San Martín, casada con Mariano Balcarce (quien se desempeñaba como embajador argentino en París). Entre sus claúsulas establecía:
• Que Mercedes otorgue a su tía María Elena una pensión hasta su fallecimiento.
• Que a la muerte de María Elena le otorgue una pensión a la hija de ésta, Petronila.
• Que su sable corvo favorito, el de Chacabuco y Maipú, fuera entregado al gobernador porteño Juan Manuel de Rosas, "como una prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.14 "
• Prohibió la realización de funerales y de acompañamientos hasta el cementerio, "pero sí desearía que mi corazón fuese sepultado en Buenos Aires."
• Declaraba como su primer título el de Generalísimo del Ejército del Perú.
En marzo de 1848, al estallar la revolución de ese año en París, se traslada a la ciudad costera de Boulogne-sur-Mer, estableciéndose en una habitación alquilada. Allí falleció a la edad de 72 años, a las tres de la tarde del 17 de agosto de 1850, en compañía de su hija Mercedes y de su yerno. Según cuenta la leyenda, el reloj de la casa dejó de funcionar a esa hora y aún sigue marcando las 3 en punto. Casualmente, en el mismo país donde murió San Martín, Francia, moría Honoré de Balzac, un día después.
Sus restos

Mausoleo de San Martín en la Catedral de Buenos Aires

En 1861 sus restos fueron trasladados a la bóveda de la familia González Balcarce, ubicada en el cementerio de Brunoy, Francia. Posteriormente hubo varios intentos de repatriarlos. Durante la presidencia de Nicolás Avellaneda se creó la Comisión encargada de la repatriación de los restos del Libertador, hecho que finalmente se produjo el 28 de mayo de 1880.
Una teoría sostiene que la Iglesia Católica se habría opuesto a que se depositaran sus restos en la Catedral de la ciudad de Buenos Aires, frente a la Plaza de Mayo, que es donde descansan actualmente. Según la versión, la Iglesia Católica, apoyándose en los cánones apostólicos romanos y en virtud de la supuesta filiación masónica del General San Martín no podría consentir la petición, pues la Iglesia sancionaba la pertenencia a la masonería con la excomunión. Por este motivo no podría ser alojado en un templo consagrado.15 Tras largas negociaciones se habría alcanzado un acuerdo, en virtud del cual el féretro descansa en un mausoleo fuera de la planta principal de la Catedral, e inclinado con su cabeza hacia abajo, como símbolo de una supuesta condena infernal a la que estarían expuestos los masones según la iglesia. Esta teoría ha sido negada por importantes autoridades sobre el tema, tal es el caso de Jorge Estol, presidente del Instituto Sanmartiniano, que al respecto de la inclinación que presenta el cajón ha dicho que: “El espacio fue construido con menor espacio al que correspondía y cuando llegó el ataúd desde Francia, que tenía doble cobertura, no pudo ser acostado totalmente por un simple error de cálculo”
Reconocido como Libertador de tres naciones, los americanos recuerdan y recordarán siempre de él, lo que está escrito en su tumba: "Triunfó en San Lorenzo, afirmó la Independencia Argentina, pasó los Andes, llevó su bandera emancipadora a Chile, al Perú y al Ecuador."
=== Máximas para Merceditas ===
Éstas Máximas para su hija Merceditas le enseñan, en cierto modo, el carácter que debe tener en diversas etapas de su vida:
1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: "Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos..."
• Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira. • Inspirarle una gran confianza y amistad, pero unida al respeto. • Estimular en Mercedes la caridad con los pobres. • Respeto sobre la propiedad ajena. • Acostumbrarla a guardar un secreto. • Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones. • Dulzura con los criados, pobres y viejos. • Que hable poco y lo preciso. • Acostumbrarla a estar formal en la mesa. • Amor al aseo y desprecio al lujo. • Inspirarle amor por la Patria y por la Libertad
Filiación polémica

Monumento José de San Martín en ciudad de La Rioja (Argentina)
En 2000, el escritor José Ignacio García Hamilton en su libro Don José expone una versión controvertida acerca del origen mestizo de San Martín. En toda su vida surgieron anécdotas sobre la tonalidad oscura, morena del prócer.
La versión de mestizo se basó en otra del historiador argentino Hugo Chumbita, en donde el general sería hijo del español Diego de Alvear (padre de Carlos María de Alvear) y de una joven guaraní llamada Rosa Guarú. Según Chumbita, Alvear habría entregado a José al matrimonio formado por Juan de San Martín y doña Gregoria Matorras, quienes lo bautizaron dándole su apellido. Para estas afirmaciones Chumbita se basó en un libro de memorias de María Joaquina de Alvear y Sáenz de Quintanilla (1823-1889), hija de Carlos de Alvear quien en sus escritos trataba a San Martín despectivamente de "el indio".
Juan Bautista Alberdi, que trató personalmente con San Martín en 1843, sostuvo que la frecuente descripción como indio no se compadecía con su verdadera apariencia física.

Gonzalo Cejas y Luisina Chiampi- 3º Año B Humanidades

Si querés saber más, podés clickear en estos enlaces:

href="www.pachami.com/SanMartin21.htm - 42k ">

href="www.espacioblog.com/justoyperfecto/post/2006/08/23/don-jose-san-martin - 62k -">

viernes, 11 de julio de 2008

LITERATURA PARA EL SECUNDARIO

Culturas / Edición Impresa
LITERATURA PARA EL SECUNDARIO
Escritores al colegio
Se reunieron autores y funcionarios en La Plata para proponer los libros que deberían leer los estudiantes. La lista esencial.
08.07.2008

El Salón Albergucci de la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires dejó de ser por un momento un territorio de discusiones gremiales y burocracia docente para convertirse en un escenario de fumata papal.

La fumata –laica y libre– fue para recomendar la lista de los libros de literatura argentina que no pueden faltar en las aulas del sistema escolar más grande de la Argentina, habitado por cuatro millones y medio de alumnos de una república que se manifiesta por igual en medio de la pampa húmeda, en las islas del Delta y en las concentraciones de población más densas del conurbano.

Del cónclave no participaron cardenales primados sino escritores y académicos, entre los que se hicieron oír Ricardo Piglia, Ángela Pradelli, Arturo Carrera, Daniel Link, Graciela Goldchuck y Miguel Dalmaroni. La idea surgió de la Dirección de Escuelas bonaerense, donde todavía arrecian los versos de Baldomero Fernández Moreno, con el fin de agitar un poco la currícula e introducir en las aulas más literatura que recitados pueriles o afectados.

Sobraron los postulantes. A los abonados de siempre se agregaron a la discusión los nombres de Esteban Echeverría, Julio Cortázar, Macedonio Fernández, Juan L. Ortiz, Juan José Saer, Leónidas Lamborghini y Manuel Puig, entre decenas de estrellas de una constelación excluida de los favores de los educadores y el placer de los educandos.

Que esos nombres hayan rondado el salón no significa que vayan a sobrevivir a una discusión que recién comienza. El propósito, como se animó a referir uno de los escritores consultados, “no es tanto el de saber a quiénes se sugiere como autores importantes del sistema literario sino qué se discute”.

El director general de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires y autor de la iniciativa, Mario Oporto, se abre paso entre los rumores de guerra semántica y argumenta a favor de su plan: “Las condiciones materiales en las que aprenden los alumnos son básicas para la educación, pero la literatura también. Sin literatura las cosas tiene menos sentido”.

Además de escritores también fueron convocados los profesores titulares y adjuntos de las cátedras de Literatura Argentina de las universidades nacionales con asiento en territorio provincial y sus pares de Lengua y Literatura de los Institutos Superiores de Formación Docente. Todos opinaron, o mascullaron desacuerdos por lo bajo pero siempre con la intención de influir.

Ricardo Piglia tomó la palabra luego del ministro Oporto. Lo hizo para decir que, lejos de la idea de Harold Bloom, él prefería que no se hablase de canon literario sino de “biblioteca básica de diez libros”.

El debate encendió varias mechas: ¿deben ser escritores vivos o muertos?, ¿debe haber antologías o sólo títulos por autor único? La sucesión de asuntos tuvo cierto frenesí. Salió, entonces, el tema de los derechos y un problema en el horizonte: Borges y su apoderada María Kodama. “No importa –dijo alguien en broma–, lo sacamos”.

Cuestiones pedagógicas, modos de transmisión del saber literario, regreso a la antigua hora de lectura: todo era útil para demorar la tan mentada lista. Una nube de dudas comenzó a cernirse sobre los participantes. Graciela Goldchuck se retiró del cónclave un rato antes del final, pero con la puerta entornada alcanzó a balbucear: “Cae la noche tropical, de Manuel Puig”. Miguel Dalmaroni ya se había inclinado por Lucio V. Mansilla y Una excursión a los indios ranqueles y por un pack de poetas que no podían faltar: Hugo Pedelletti, Néstor Perlongher y Juan L. Ortiz.

Luego se manifestaron las cuestiones materiales. ¿Cómo se puede hacer para que la provincia de Buenos Aires provea de libros de literatura a un millón de alumnos de la secundaria? Los nombres propios de las luminarias de la lengua dieron paso al fantasma de los números.

El sistema escolar bonaerense es una máquina infernal de multiplicar todo por millones. Oporto hizo un cálculo de cómo un gasto unitario mínimo de su ministerio puede terminar en una cifra astronómica: “Tenemos 19 mil escuelas y 250 mil docentes”. “¡¿Cómo?!”, gritó Daniel Link, mientras trataba de anotar una memoria de esa masa crítica inestable.

El entorno escenográfico de las charlas era una serie de vitreaux iluminados como pequeñas capillas portátiles. Sobre la mesa se arrastraban decenas de pocillos y botellas de agua mineral, fundamentales para extender la conversación todo el tiempo que hiciera falta; “hasta la cena”, postuló Miguel Dalmaroni. Oporto no se replegó: “Es que para eso los invitamos”.

domingo, 1 de junio de 2008

La Crónica: un experto habla de ella. De especial interés para los cuartos, pero si estás en segundo y tercero, no te va a hacer mal leerla.

Periodismo Narrativa de no ficción
El relato de hechos reales es un género periodístico cada vez más leído en el país. Martín Caparrós analiza este temaen el prólogo, que reproducimos, deLa Argentina crónica (Planeta), de reciente aparición. Además, ofrecemos un fragmento de uno delos catorce trabajos reunidos en el libro y una columna del compilador, Maximiliano Tomas
LANACION.com ADN Cultura Sábado 15 de setiembre de 2007